Triángulo de Amor Bizarro: “Nuestra Catedral siempre está en construcción”
Charlamos con Rodrigo Caamaño y Rafa Mallo sobre sus veinte años haciendo música a su manera, los tiempos lentos y por qué, cuando todo a su alrededor pide velocidad, ellos siguen defendiendo que las mejores cosas se cocinan sin prisas.
Hay discos que se hacen deprisa. La Catedral del Amor no es uno de ellos. Casi tres años le ha llevado a Triángulo de Amor Bizarro dar forma a este álbum, y lo cuentan sin ningún complejo: en una industria que pide novedad constante, ellos han preferido parar cuando tocaba parar, no cuando convenía.
Nos sentamos con ellos para hablar de los veinte años que llevan construyendo una banda sin seguir las reglas del mercado, de cocinar las canciones sin prisa y de por qué la música, igual que una buena comida, sabe mejor cuando se comparte.
Han pasado veinte años desde que empezasteis con Triángulo de Amor Bizarro. ¿Sentís que por fin habéis construido vuestra propia “catedral”?
Rodrigo: Más bien es como la Sagrada Familia: siempre está en construcción. La música nunca se termina. Siempre puedes añadir algo, quitarlo o encontrar otra forma de hacerlo. Nuestra catedral es todo lo que hemos construido durante estos veinte años.
En una industria donde todo parece inmediato, vosotros habéis dedicado casi tres años a este disco. ¿Qué cambia cuando uno puede cocinar un álbum sin prisas?
Rodrigo: Cuando haces un disco te vacías emocionalmente. Todas las ideas que has ido reuniendo durante años acaban ahí. Entonces digamos que es un depósito que tiene que volver a llenarse. Si no vuelves a vivir y haces otro disco porque toca, pues empiezas a trabajar desde el agotamiento. Y el agotamiento es uno de los grandes enemigos de las bandas.
En La Finca siempre hablamos de cocinar a fuego lento y respetar los tiempos del producto. ¿Creéis que una canción también necesita su tiempo?
Rodrigo: Totalmente, cuando empiezas una canción el subidón está muy guay, pero no sabes si dentro de tres meses será algo ficticio o está a la altura. Y el tiempo las va colocando. Pero si ese tiempo no pasa, no sabes si va a pasar eso.
Pero si marcas los tiempos, por lo menos no vas a mirar atrás y decir “¡Jo! Si ahí hubiese esperado un poco”, o “a esa canción le faltaban 3 meses” Y eso yo creo que es nuestra victoria. Conseguir que no nos sobrepase el ansia ni la presión de la industria. Pero tampoco queremos sobrecocinar las canciones. Llegamos a ese equilibrio porque ahora podemos trabajar en nuestro propio estudio, con el tiempo necesario, pero sin que se nos vaya la olla. Eso también es importante.
Nunca habéis seguido el calendario habitual de la industria. ¿Ha sido esa la clave para seguir juntos veinte años?
Rodrigo: Yo creo que si nos hubiésemos plegado a lo que pide el mercado no hubiésemos aguantado tanto. El mercado pide siempre novedad, pide siempre estar como en la etapa de enamoramiento con los grupos y los artistas cuando uno los conoces.
Pero claro, la vida es demasiado larga para hacer eso, para que la música solo sea un par de años o tres de tu vida. Entonces nosotros siempre hemos sido lo contario, también un poco por eso, por la esperanza de poder hacerlo el máximo tiempo posible.
En el disco habláis mucho de refugios. ¿La banda sigue siendo ese lugar seguro que era cuando empezasteis?
Rodrigo: Absolutamente. El grupo nació como un refugio. Todos veníamos de trabajos bastante horribles y de una manera de vivir que no nos llenaba. Siempre intentamos volver a ese origen para que la banda siga siendo un lugar donde hacer las cosas a nuestra manera y no otro trabajo más.
También habéis cambiado el sonido del disco. Se nota más espacio, más aire y menos obsesión por la perfección.
Rodrigo: La decisión con este disco fue que notábamos que el sonido de ahora es ultra pulido. Nosotros siempre hemos intentado escapar del sonido estándar de cada época. Nos interesa que los discos tengan misterio, ser como esos discos que suenan a su época, pero que tiene aún esa diferencia, esa heterogeneidad. Venimos de dos discos muy procesados, con muchísimas capas, y vimos que ese camino no lo queríamos. Dijimos: “Vamos a hacer justo lo contrario”. Queríamos recuperar un sonido más fresco, más natural, que se pareciera más al de nuestros primeros discos.
Rafa: Cada disco te va pidiendo una cosa diferente. Nosotros somos los constantes dentro de los discos porque tocamos, entonces hay una parte que no cambia, pero hay otra que cambia mucho. Y cómo afrontamos la composición o la grabación es, para nosotros, un cambio fundamental para que cada disco sea diferente.
En una época en la que casi todo aparece hacerse en solitaria, La Catedral reivindica constantemente hacer cosas con otros. ¿Creéis que crear en comunidad es más importante que nunca?
Rafa: Sí. Nosotros siempre decimos que lo importante es hacer algo, pero hacerlo con los demás. La música fue nuestra forma de expresarnos y de encontrar un sitio donde sentir que hacíamos algo propio. Ahora parece que ni si quieres puedes hacer un proceso artístico: tienes que dejar que una máquina lo haga por ti. Pero descubrir cosas, equivocarte y construir algo entre varias personas sigue siendo una de las mejores partes de hacer música.
En varias ocasiones habéis dicho que una banda consiste en “disolver el ego”. ¿Qué significa eso?
Rodrigo: Yo puedo llegar con una idea o una melodía, pero eso no deja de ser un boceto. Hasta que pasa por la banda no se convierte en una canción de Triángulo de Amor Bizarro. Lo bonito de una banda es que siempre aparece algo que nadie había imaginado. Hay un punto de caos, de improvisación, que hace que las canciones sean mucho más grandes de lo que cualquiera podría hacer por separado.
Firmado: Rosalía del Río