Niña Polaca: “El sonido es cocinar casi siempre”
Hablamos con la banda madrileño-alicantina sobre los dos años de retiro entre Portugal, Madrid y Alicante, las sobremesas del cabo de San Juan y por qué, en mitad de un mundo en llamas, su nuevo disco reivindica las cosas pequeñas. Comemos con ellos en CIRCO.
Niña Polaca son una banda madrileño-alicantina que acaba de publicar su tercer disco, ¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas? (Subterfuge, 2026). En los últimos años se han convertido en uno de los grupos más relevantes del indie en castellano: llenan La Riviera tres noches seguidas y en enero llegan al Movistar Arena. Pero su nuevo trabajo, además de hablar del desencanto adulto y de un país que ya no se parece al que prometieron en el colegio, tiene un lado luminoso que reivindica las cosas pequeñas: las sobremesas, el mar, leer, cuidar las plantas, volver a ser comunidad. Justo lo que cantaban los abuelos sin saber que algún día habría que defenderlo, y justo el tipo de Buena Vida que nos gusta por aquí.
Para esta entrevista, los hemos citado en CIRCO. No es casualidad: tres de los cinco —Surma, Rubén y Claudia— son alicantinos, y CIRCO también lo es. Abrió su primer local en 2017 en la calle del Teatro de Alicante y desde entonces no ha parado: Mejor Cadena en el III Campeonato de España de Hamburguesas, locales por media España, y desembarco en Madrid. En su carta llama la atención una que se llama La Marquesa: carne 100 % de vaca vieja de La Finca, huevo frito, parmesano y mayonesa trufada. La casa, en cierto modo, compartida. Nos sentamos con Surma, Beto, Kobbe, Rubén y Claudia para comernos una mega hamburguesa y hablar de la otra cara del disco: la mesa, los rituales, los kilómetros de carretera y los sitios donde todavía vuelven solo para comer.
Habéis tardado casi dos años en hacer este disco y parte del proceso lo habéis pasado encerrados en casas con cocina. ¿Quién se ponía con los fogones?
Rubén: Está todo documentado en YouTube, tenemos un videoblog en el que grabamos el proceso entero. Cocinábamos esos días bastante: nunca pedimos comida a domicilio. Cocinábamos siempre. Y creo que el sonido es cocinar casi siempre. Un día hice una tortilla de patata —porque me mola cocinar—, pero en el último momento dije: “bueno, mejor que hagas un revuelto”.
Beto: Estuvo como tres horas súper decepcionado, la ilusión. Estaba bueno, no te preocupes, estamos aquí por la música.
Rubén: La tortilla normalmente me sale bien, me salió fatal, pero el sabor estaba bueno. ¿Qué más comimos? Ensaladitas, curry.
Kobbe: Un día hicimos barbacoa, pero eso fue en otra casa, en Portugal, por la noche, fuera.
Surma: Básicamente hemos ido a tres casas a lo largo de la geografía: Portugal, Madrid y Alicante. A razón de una o dos semanas en cada sitio, han sido casi dos años en tres casas. Y hemos elegido sitios bonitos, relajados, con playa. Como que ya estamos en un nivel que nos hemos podido permitir buscar sitios bonitos. En eso se deja el dinero Niña Polaca.
Hay una imagen muy bonita en “La codicia y capital de las fuerzas extranjeras” que reivindica las sobremesas y el olor a brea frente a un Mediterráneo convertido en parque temático. ¿De qué sobremesa concreta sale esa imagen?
Surma: La de la sobremesa es en una zona de calitas en el cabo de San Juan, que es un poco referencia del verano para mí. Es donde más tiempo hemos podido pasar y es muy bonito, está dentro de la ciudad prácticamente, con aguas increíbles. Y esa imagen es la de estar ahí comiendo y luego ver los fuegos artificiales… y quedarte ahí en la albuferita.
Tres de vosotros sois alicantinos y hoy comemos en un sitio que también lo es: CIRCO empezó en la calle del Teatro hace siete años y ahora está en Madrid, como vosotros. ¿Madrid o Alicante?
Surma: La de la sobremesa es en una zona de calitas en el cabo de San Juan, que es un poco referencia del verano para mí. Es donde más tiempo hemos podido pasar y es muy bonito, está dentro de la ciudad prácticamente, con aguas increíbles. Y esa imagen es la de estar ahí comiendo y luego ver los fuegos artificiales… y quedarte ahí en la albuferita.
Surma: Alicante
Rubén: Alicante
Beto: Madrid
Kobbe: Asturias ¿? (risas)
El disco entero tiene algo de defensa de las cosas pequeñas: cuidar las plantas, leer, el mar, los ratos libres, la familia. ¿Cuándo os disteis cuenta de que esas cosas, que parecían lo más obvio del mundo, nos las están quitando?
Surma: Yo he trabajado también en el mundo empresarial, en concreto en la abogacía, y es como ir viendo cómo la gente, cuando entra en una rueda productiva de trabajo, ya pasa a convertirse en un engranaje de algo y va olvidando las cosas que realmente le hacían soñar, le hacían ser persona. Pasas a vivir por y para el trabajo, y eso creo que te despersonaliza de una manera absoluta. Veo con pena a compañeros míos de universidad cómo han acabado: les preguntas “¿quién eres?” y te dicen “no sé quién soy, pero hago esto”. Y ese sentimiento está bastante constante a lo largo del disco. Es una cosa que he visto en mucha gente y me da mucha pena.
Estáis en plena gira y os queda un verano larguísimo de festivales. La carretera y los hoteles son mucho bocadillo de gasolinera y mucho catering raro. ¿Cuál es el sitio donde habéis comido peor, y dónde se come bien parando entre conciertos?
Hay sitios en autovía que es mejor evitar, son carísimos y la comida es regular. Si alguna vez vais en carretera, tenéis que buscar a alguien que os dé un archivo o un mapa donde aparecen los sitios para parar, que eso rula entre la gente del mundo de la música…
Surma, hablas mucho en este disco del paso a la adultez y de un amor que ya no es el de la veintena. ¿Cómo se canta al amor adulto sin perder las ganas de cantarle al amor?
Surma: Espero no dejar nunca de estar lo suficientemente enamorado de algo como para poder escribir de ello, y espero nunca hacer un disco que no hable de amor: de amor por la tierra, amor por mi pareja, amor por mis amigos. Yo he pensado mucho en la vida, he sufrido mucho por sentir, soy una persona que siente mucho y siente las cosas muy fuerte. Era una cosa que me pesaba y que ahora ya he abrazado, y espero no dejar de sentir nunca de una manera tan fuerte, porque no quiero convertirme en una silla. Me gusta el sufrir y sentir y estar enamorado y abrazarlo y expresarlo sin vergüenza.
Beto: Yo imagino a Surma viviendo los problemas y diciendo “vale, hay que hablar de esto”, pero en realidad es que es su vida, sus sentimientos, su punto de vista. El amor no es todo, esa es la línea guía de la vida, y en ese camino te van pasando cosas. Esta vez las has enlazado un poco con el futuro: estaba Carmen en el anterior disco, y ahora está Carmen y pensando en un futuro con ella, pues “joder, esto qué mal, no tengo hijos y no puedo…”.
Claudia, entraste al grupo en 2022 y en este disco firmas tu primera canción, “Sería Perfecto”. ¿Cuándo dejaste de ser la nueva?
Surma: Yo siempre lo digo: para mí, cuando entró Claudia era como la Cristiano Ronaldo de la música y de las cosas más increíbles a nivel de composición de melodías.
Claudia: Que conste que lo dice él, yo nunca he dicho eso. Cuando haga algo que sea mediocre me van a tirar encima.
Claudia: Surma propuso: “si tenéis canciones que queráis hacer para el disco”. Yo le pasé unas cuantas y la sacamos súper naturalmente un día. En todos los discos nos gusta siempre meter voces diferentes.
Cuando recogen los platos, en la mesa quedan los restos de siempre: trozos de pan brioche, alguna patata, una mancha de mayonesa. Y queda la sobremesa, esa que cantan en “La codicia y capital de las fuerzas extranjeras”, y está pasando exactamente aquí: en una hamburguesería de Madrid que nació en una calle pequeña de Alicante, con carne que viene de La Finca, con cinco amigos que llenan La Riviera tres noches y aún se sientan a comer como si nada. En enero les espera el Movistar Arena. Hoy, eso sí, todavía cabe la pregunta pequeña: cómo se conserva esto. Y la respuesta, sospechamos, es exactamente lo que estamos haciendo en esta mesa.
Firmado: Rosalía del Río
Fotos: Panci Calvo