La felicidad para nosotros no es un tema baladí. Esta filosofía nos ha guiado en nuestros casi 25 años de historia con la intención de que nuestro trabajo se hiciera de la mejor manera posible, y que todo a nuestro alrededor tuviera un impacto positivo; ya sea en nuestros animales, en el entorno o en la calidad de los productos que ponemos en vuestras mesas. De hecho, uno de nuestros lemas ha sido y será “animales felices, clientes felices”.
A este espacio nos gusta traer personas que, de igual manera, tratan de que el mundo sea un poco mejor. Cada uno con su arte, su profesión, sus ideas o sus acciones. María Galán, la joven madrileña al frente de la onegé Babies Uganda, nos ha sorprendido por su capacidad para dejarlo todo y dedicar su vida a un proyecto social en Uganda, uno de los países más desfavorecidos del mundo. Conocimos su historia en la presentación “La Vida de Sami”, un libro que ella misma ha escrito para trasladar la realidad de las duras condiciones de vida de los niños que habitan en esta zona de nuestro mundo y a la que ninguno deberíamos ser ajenos.
A María la solidaridad le viene de cerca. Su madre Montse no solo le ha inculcado este valor en su educación, si no que creó junto a Maribel, una amiga volcada también en proyectos sociales, la onegé Babies Uganda en 2012 para poder ayudar a un orfanato que estaba a punto de cerrar y dejar en la calle a los niños que, en ese momento, vivían en él. María ha crecido viendo a su alrededor como iniciar y sacar adelante desde cero una onegé en España, que cada año iba asumiendo nuevos retos (abrir su propio orfanato “Kikaya House”, un centro de educación primaria, una clínica que da servicio gratuito a toda la comunidad, etc.) y que, a día de hoy, con ella totalmente involucrada atiende las necesidades de educación y alimentación básica de más de 1.000 niños. Unos números muy grandes para tan pocas personas, que solo están a la altura de su gran corazón.
Pero lo más importante de María es que transmite felicidad, tanto a los de allí como a los de aquí. Porque María no solo se preocupa de los niños a su cargo en Uganda, también es amable y risueña con su más de un millón de seguidores en Instagram, espacio que dedica a contar su día a día con una naturalidad y cercanía que la han hecho merecedora de la admiración que sus fans le profesan por la sensibilidad, respeto y calidez con que lo hace. Y es que María, siempre sonríe, aunque sea tomando firmes decisiones; no le oyes una queja, aunque esté sufriendo algo estremecedor. En su discurso siempre hay positividad y buena voluntad. Siempre hay espacio para aportar felicidad, algo a lo que en el primer mundo a veces renunciamos por no saber valorar los pequeños gestos y las cosas cotidianas del día a día.
Se habla de “personas vitamina”, pero aquí preferimos hablar de “personas felicidad”.
