Antonio Ovejero: El arte como espejo de la memoria, lo cotidiano y la mujer
En La Finca nos gusta acercarnos al arte y traer a nuestro espacio digital propuestas que consideramos atractivas y diferentes. Pudimos charlar en Espacio Garaje Lola (Calle Sorgo 53, nave 3, Madrid) con Antonio Ovejero en la inauguración de su exposición “Vestidas de Laca y Carmín”, una muestra que invita a recorrer la memoria, lo cotidiano y el empoderamiento femenino y que puedes visitar hasta el 21 de junio.
Este joven artista valenciano ha sabido convertir lo trivial en un lenguaje poderoso: sus retratos de mujeres mayores, vestidas con estampados llamativos, joyas ostentosas y peinados imposibles, rinden homenaje a las generaciones de mujeres que han sostenido la vida cotidiana desde el trabajo doméstico y los cuidados.
Con una mirada cargada de ironía y ternura, Antonio rescata la figura de la «señora de su casa», esa mujer que se pone su mejor vestido para salir a la calle con su silla de plástico a tomar el fresco. En la figura femenina encuentra una forma de rendir homenaje a su abuela, una mujer modista de clase obrera.
Pero Antonio no solo es un pintor con un universo propio: también es un manchego de pura cepa, amante de las buenas gachas, el vino y la carne. En esta entrevista, hablamos con él sobre su obra, su proceso creativo, sus referentes y su manera única de transformar lo cotidiano en arte.
¿Qué crees que puedes aportar tú, con tu obra, a nuestra marca y a nuestro sector?
Todo lo que viene siendo la escena cotidiana y costumbrista, que es lo que me llama la atención y en lo que suelo trabajar, conecta mucho con el mundo rural y cómo se traslada a la urbe. Todas esas escenas que tienen que ver con la señora bien vestida, que cuida su casa, que se arregla para salir… Esa mujer de la que yo hablo es la mujer de su casa, la que se pone su mejor vestido, sus mejores joyas, se echa laca, y sale a la calle con su silla de plástico a tomar el fresco. Me interesa mucho esa dicotomía entre el glamour y la clase obrera, donde las joyas pueden ser de plástico, pero todo tiene una intención muy potente. Representa a esa mujer que va a comprar, que queda con sus amigas para jugar a las cartas… Creo que ahí hay un hilo conductor muy fuerte con lo que estamos hablando: la mujer que cuida, que cuida su casa, que se cuida a ella misma, que sale a hacer sus compras… Esa mujer que está en nuestras madres, nuestras abuelas, y que viene de una generación que, ahora mismo, está desapareciendo.
En estas mujeres intento reflejar la unión entre lo laborioso, lo costumbrista, lo extravagante y lo cotidiano. Para mí, estos conceptos, que a veces parecen muy distintos, tienen una conexión muy directa con la cultura popular española e, incluso, con la italiana. Hago referencia a ese estereotipo de señora, a esa “Paca”, a esa “Conchita” … Esa mujer que forma parte de nuestro imaginario colectivo.
¿Te planteas mantener este estilo en el futuro o explorar otras vías?
Creo que el estilo es algo que, en el mundo del arte, a veces se mira con prejuicio. Creo que nace de ser fiel a uno mismo como artista. Para mí, es fundamental mantener esa fidelidad a lo que me rodea, a lo que he vivido, a lo que he mamado. Siempre digo que parto mucho de mi abuela, que es modista, y de todo ese tiempo que pasé con ella. Ella es una mujer elegante, de clase obrera, muy de cuidados, y eso es una base en mi obra.
El estampado, por ejemplo, es un recurso que intento que siempre esté presente, porque habla de esa identidad, de ese contexto. Creo que la obra evoluciona: si comparas esta exposición con alguna de hace un año, verás un cambio muy fuerte en la plástica, en el concepto… Y espero seguir evolucionando. No quiero hacer siempre el mismo cuadro. Pero sí que tengo claro que quiero ser fiel a los temas que trato, porque son los que me interesan, los que me tocan. Eso no significa que me estanque: creo que cada artista debe evolucionar, porque si no, es como una tumba. Lo importante es seguir creando desde el contexto y desde uno mismo.
Cuando te pones a pintar, ¿cómo es tu proceso? ¿Trabajas a partir de imágenes reales, de recuerdos, de fotografías o surge de algo más espontáneo?
Cuando empiezo un cuadro, siempre surgen cosas nuevas. A no ser que seas un pintor hiperrealista, que no es mi caso, la pintura es un proceso vivo. Yo no intento hacer una copia exacta de la realidad, aunque trabajo la figuración y mi obra pueda recordar a una fotografía. Bebo mucho de lo cinematográfico, de lo fotográfico, de planos que me inspiran: por ejemplo, una película de Paolo Sorrentino me puede influir muchísimo.
Pero no busco hacer una fotografía. Trabajo con elementos que tienen que ver con mi propia identidad: un bolso de mi madre, un anillo de mi abuela… Voy generando imágenes que, aunque sean realistas, no existen tal cual. Para mí, el realismo es un lenguaje, una forma de contar. Vengo de una familia donde mi padre y mi hermano también son pintores realistas, y he crecido con esa manera de ver el mundo. Representar algo que existe, pero transformarlo para contar una historia.
¿Te planteas explorar otras disciplinas artísticas más allá de la pintura? ¿Fotografía, vídeo, escultura…?
Claro, siempre hay ganas de explorar. Pero ahora mismo estoy muy centrado en la pintura. La pintura es mi forma de expresarme, es lo que me libera, como le pasa a un escritor con las palabras. Cada uno elige su lenguaje: un cineasta usa el vídeo, un fotógrafo la cámara, un escritor las palabras… Para mí, la pintura es ese lenguaje. Ahora estoy en una fase en la que me interesa mucho trabajar la técnica más clásica, centrarme en la ejecución, en hacer algo bien hecho. Creo que el hablar de una técnica que sea muy relamida, por así decirlo, que se haya trabajado mucho, no la limita porque siempre hay un campo en el que tú puedes estar abriéndola y que puedes integrar cosas, porque es algo que creas tú.
Así que sí, espero que, dentro de 30 años, si volvemos a hacer una entrevista, haya hecho muchas cosas distintas, pero siempre ligadas a mí mismo y a mi contexto.
¿Estás trabajando ahora en algún proyecto nuevo o preparando nuevas exposiciones?
Sí, estoy preparando un proyecto nuevo, aunque todavía no puedo contar mucho. Estoy trabajando con Carla, de la Galería CLC, y tenemos ideas en marcha para nuevas exposiciones. Acabo de estar también hace unos meses en ARTMADRID, y ha sido un curro muy intenso. Desde septiembre, esta es la cuarta exposición que tengo en Madrid, así que ha sido un no parar.
Estoy en un momento en el que todo está cogiendo forma, organizándose, y pronto podré volver a enfocarme a tope en la producción de nuevas obras.
Y una última pregunta: como buen manchego… ¿cómo llevas el mundo gastronómico?
Pues claro, soy manchego. Como dice la copla: “Y si vas a la Mancha no te alborotes porque vas a la tierra de Don Quijote. A la Mancha manchega que hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite y mucho tocino”. En mi casa siempre hemos tenido buen vino, buen aceite… Mi abuela me hace unas gachas buenísimas, buena carne… Vamos, que la gastronomía manchega está siempre muy presente en mi vida. ¡La buena carne no puede faltar!
Firmado: Rosalía del Río
Fotos: Panci Calvo