Hace diez años, seis amigos decidieron crear un grupo musical. Así nació Club del Río, una banda madrileña que acaba de lanzar su sexto álbum “Todo alrededor” en el que hacen una mención especial a todo lo que los ha acompañado estos años, de forma sustancial y onírica, con sus fatigas y sus alegrías.
Club del Río nos gusta no solo por su música que os invitamos a conocer, sino por su esencia: la amistad y la buena convivencia, acompañada de una cerveza, de una suculenta comida, de risas y de apoyo entre los integrantes. Una forma de vivir la música que ha logrado posicionar a Club del Río como una banda para los buenos momentos, para La Buena Vida, como la que profesamos en La Finca.
Tuvimos la oportunidad de hablar con Esteban de Bergia, letrista, vocalista y guitarrista, con quien nos sumergimos en las nueve canciones de “Todo alrededor”, que son como un plato cuidadosamente elaborado, lleno de sabores y texturas que reflejan los momentos vividos por el grupo y sus diez años de trayectoria.
¿Qué significa este nuevo álbum en vuestra trayectoria?
Son diez años de estar juntos, de mantener el proyecto pegado, haciendo canciones y compartiéndolas, y eso es algo que nos ha costado mucho trabajo. Cada disco es una reivindicación de que nuestro proyecto sigue vivo y es una alegría. En este caso es especial, porque llevamos diez años, que es una cifra importante y ya vamos viendo los años en cada uno de nosotros y la madurez. Y hemos ido atravesando diferentes etapas de nuestra vida, desde esa época juvenil, universitaria, en la cual teníamos mucho más tiempo para vernos, a ésta en la que estamos ahora cada uno con su vida privada y personal, pero buscando ese lugar común que es el Club del Río y que es una excusa para unirse, para seguir haciendo cosas en comunidad con la gente que quieres.
¿Un álbum que, además, es un poco una manera de dar las gracias?
Sí, es importante dar las gracias y reconocer siempre al público, a la gente que te está levantando. Y hemos querido hacer una mención especial en este disco -sobre todo con el título- a todo este entorno, porque luego las canciones van por otros senderos. También lo hemos querido decir desde un punto de vista un poco metafísico, en el sentido de que todo lo que nos inspira está alrededor.
Un cambio de etapa y de estilo musical ¿Cómo os definís actualmente?
Pues el estilo actual me cuesta siempre definirlo porque es muy diverso en las canciones. En este disco vamos atravesando diferentes escenarios en cada canción, pero yo creo que es el disco más contemporáneo que hemos hecho nunca. A nosotros siempre nos han relacionado mucho con el folk, porque le damos mucho tratamiento a las armonías y nos relacionaban con grupos de los 70, tipo Simon&Garfunkel, Paul Simon o David Crosby… Y creo que ahora hemos cogido todo ese material que ya teníamos antes y lo hemos modernizado un pelín. Y nos ha salido un disco un poco más moderno, siguiendo con la misma esencia, pero con experimentación de sonidos, efectos de guitarra, de teclado y de voces.
Para la creación de este disco hicisteis una especie de retiro en Cantabria ¿Cómo fue la experiencia?
Conocimos a Brian Hunt -nuestro productor en este disco- hace ya bastantes años en una colaboración que hicimos con nuestros amigos de Yo la Reina, del País Vasco. Pero es que nuestra condición infalible para grabar es irnos de Madrid y encerrarnos en un sitio, porque así es como nos gusta grabar y es como sale bien para nosotros. Nos vamos 7, 10, 15 días a algún sitio y nos encerramos. Y el estudio de Brian está en Cantabria en un valle por ahí perdido. Es un lugar remoto, aislado, bonito y ahí estábamos en una casita, donde dormíamos y en otra grabábamos. Y nos pasamos once días así, con todo lo que supone la convivencia, estar cocinándonos, preparar los menús, la comida, la cena, todo eso que rodea a esa grabación que es más humano, que alimenta todo, y ayuda a que el disco salga más fresco.
Está claro que para vosotros convivir es parte del proceso creativo ¿Qué destacas de estos momentos que estáis juntos?
Claro. Nos juntamos siempre. La verdad que es increíble, yo no sé cómo no nos hemos hartado los unos de los otros porque igual nos vamos a tocar un miércoles, un jueves, dos conciertos seguidos en no sé dónde, luego volvemos a Madrid el viernes y nos estamos llamando para tomar una cerveza. Simplemente es que coincide nuestro proyecto con nuestro grupo de amistad.
Club del Río tiene más que un grupo musical, tiene varias experiencias alrededor de una mesa y largas conversaciones después de una cena, porque para ellos, incluso antes de planificar giras, saber dónde van a comer es tan importante como dónde van a tocar. Es parte de su conexión, de esa amistad que trasciende la música. Ya les enviaremos algo especial para que puedan seguir disfrutando juntos, porque el humor, la carne y la música son una excelente combinación.
